Soñaba entonces este hombre que sus ojos se cerraban y sus labios se volvían carmesí, envuelto entre los brazos de una bella dama caminaba entre pasillos largos y fríos ... buscaba algo que en su paladar faltaba, aquello rojizo que la bella dama húngara le dio a probar hace tan sólo unos instantes, este liquido, este éxtasis que desnudaba por completo su cuerpo, su alma ...
Nada se podía comparar ha este exquisito sabor ...
Soñaba y soñaba y tanto había sentido aquél con este sueño enajenado de devoción y placer que no se dio cuenta de todos los días que perdía mientras continuaba soñando... ese magnifico sueño, pues tan sólo quería dormir y no despertar jamás.
Una noche azulina sin embargo nuestro pálido caballero despertó de la delicia del sueño, se sintió algo frío, mareado, desorientado, perdido de la realidad ...
¿Qué le habría pasado? ... No podría yo asegurarlo, pero puedo decirte algo más ...
Despertó al lado de un bella dama Húngara que tenía unos largos cabellos ondulados y polvorientos, y con esos colmillos afilados extraía el tesoro más preciado, la marca de su civilización ... Su Sangre.
